Madres Arrepentidas

Cayó en mis manos de manera totalmente voluntaria un libro maravilloso, Madres arrepentidas. Es extraño, qué puede tener de maravilloso leer el relato de mujeres que perdieron toda esperanza de una vida feliz en el mismo momento en que crearon la vida de sus hijos. Pero lo leí y me cautivó por su verdad.

La autora, Orna Donath, recopila el testimonio de una docena de mujeres, originarias de un marco social y cultural concreto, Israel. Y puntualiza claramente que son testimonios de madres arrepentidas. No de madres angustiadas, cansadas, tristes, deprimidas y atadas a mil presiones, que a pesar de ello, ven compensado con creces todo esfuerzo con la convivencia y el vínculo creado con sus hijos.  No, no. Aquí hablan mujeres que si volvieran atrás, no hubieran tenido a sus hijos, sin duda alguna, no por ellos, sino por la experiencia de la maternidad en sí, que sienten angustia vital, (mal)viviendo una vida que realmente no les pertenece, que es para siempre… y que además deben cargar con el estigma del silencio y la culpa.

Alguien podría pensar que la mujer típica israelí sufre desasosiego, angustia, inmadurez y falta de responsabilidad con sus obligaciones materno-filiales. Sería genial acusarla de eso y menos problemas para todos.

Pero el caso es que no es exactamente así. Esta muestra de 23 mujeres construye un perfil de madre que abunda y mucho, pero que no vemos. Es invisible. A veces, lo que se siente, no se expresa. Y si no sale a luz, no existe.

Otro aspecto que trata es  el del arrepentimiento como acto que aparece cuando reflexionamos sobre aquello que no hemos hecho bien y sobre cómo repararlo. Es interesante observar como arrepentirse se percibe como síntoma de lucidez en algunos casos (en delincuentes, por ejemplo) y en otros como síntoma de falta de cordura, como en el caso de las mujeres que se arrepienten de haber tenido hijos. De hecho, las mujeres somos blanco de crítica en el mismo instante en que ponemos en crisis nuestro papel asignado por la gracia patriarcal, la maternidad: no tener hijos, aborto voluntario y maternidad arrepentida.

Leer estos testimonios supone preguntarte todo el rato qué grado de arrepentimiento puedes llegar a tener tú. Y es inevitable ponerte a calcular el coste que pagaste en el mismo momento en que pariste a tu hijo. Y es inevitable imaginarte a ti sin hijos y cómo sería todo sin hijos.

Es saludable verse así de vez en cuando. Y volver luego a la realidad, de una manera más lúcida, real y constructiva.

Merece la pena escuchar a la autora:

 

 

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la Menopausia

Hoy 18 de octubre es el Día Mundial de la Menopausia. Palabra de sonoridad extraña por lo poco que la pronunciamos. Recuerdo que mi abuela,  señora salmantina, lengua exquisita y fan de Machado, llamaba a la menopausia  la menopasia. Vaya, muy ilustrativo de lo que significaban estos trances en la vida de las mujeres de no hace tantos años.

Un pequeño repaso

Venus de Willendorf y su cuerpo vivido
Venus de Willendorf

La menopausia es el proceso en el cual los ovarios dejan de producir estrógenos y progesterona, que son las hormonas que se ocupan de que nuestro sistema reproductivo funcione como un reloj para el fin por el cual está destinado: generar nuevas vidas. No solo dejamos de tener la regla para siempre, esta interrupción de la función ovárica repercute directamente en el bienestar físico y emocional de la mujer y aparecen nuevos peligros como los sofocos, la deshidratación, el insomnio, los cambios repentinos de humor, la osteoporosis y lo más grave: un aumento en el riesgo por ataques cardiovasculares . Las hormonas de antes, que nos protegían de muchas cosas, ahora se largan a comprar tabaco y si te he visto no me acuerdo. Suena estupendo.

Existe la Sociedad Internacional de la Menopausia con sedes en la mayoría de países. Se ocupa de investigar, difundir y dar visibilidad a la menopausia, celebrando cada dos años encuentros de médicos y médicas para debatir y consensuar protocolos de actuación y últimos hallazgos. Parece ser que antes era habitual incentivar  el uso de terapias hormonales sustitutivas para protegernos de los males de la menopausia, sobretodo de la causa número 1 de mortalidad femenina: los males del corazón.  Pero recientemente se ha descubierto que estas terapias pueden derivar en nuevos males como por ejemplo, cáncer de mama. Y ahora están en este debate.

La mujer en trance menopáusico por lo general, dicen que lo pasa mal y debe cuidarse. Abandonada por las hormonas. Y al margen de los estandares sociales. El deterioro ha empezado. Y psicológicamenteesto debe ser duro. Se sabe que en culturas asiáticas la menopausia no se sufre ni la mitad de lo que la sufrimos aquí, las opulentas mujeres occidentales. También es verdad que allí existe otra propio-aceptación corporal y espiritual. No voy a ser yo la que ponga en duda el hecho inequívoco que la menopausia provoca cambios importantes en el cuerpo de cualquier mujer. Pero es justo decir bien alto que es algo natural y debe ser tratado como tal y aislado,  cuando no sea estrictamente necesario, del contexto médico.

Y evolutivamente ¿qué?

Venus de Lespugne
Venus de Lespugne

Y lo más interesante: durante años, antropólogos y biólogos se han preguntado qué papel juega la menopausia en la evolución. Pues bien, existe la Hipótesis de las abuelas,  que apunta la antropóloga  Kristen Hawkes, cuyos estudios demuestran que las primeras mujeres que dejaron de ser fértiles y vivieron más tiempo de  lo habitual, tomaron un rol colaborativo y de apoyo con las mujeres fértiles que iban pariendo hijos y atendían las necesidades más básicas de las crías. Se deduce que la descarga en la abuela beneficiaba a toda la comunidad, porque era ella la que procuraba por la alimentación, fomentaba vínculos, fortalecía la cohesión social y aportaba seguridad, además de dar los mejores genes por ser las mujeres más longevas, permitiendo que las mamás jóvenes pudieran atender mejor los primeros y más críticos momentos de sus bebés.

Ojo, esto me suena.. quién no ha contado con la inestimable ayuda de las abuelas?  Son sabias y son de absoluta confianza.

 Y las Venus paleolíticas, ¿qué pintan en todo esto?

Venus Vestonicka
Venus Vestonicka

Durante décadas se ha estudiado la simbología de estas pequeñas figuras paleolíticas hechas de marfil hueso u otros materiales. La tradición dice que son representaciones de la fertilidad y de la Madre Tierra. Sin embargo, cada vez van surgiendo más versiones. Susun S. Weed lanzó una teoría rompedora y que a mi personalmente me encanta: tal como se muestran, estas venus presentan rasgos físicos propios de mujeres más bien de edad avanzada (pechos caídos, obesidad, flaccidez) y por lo tanto podrían tratarse de representaciones reales de  mujeres menopáusicas.

Hace 22000 años se tallaban figuritas. Ahora, nos hinchan a a hormonas.

gracias Hedy LaMarr por inventarte Mi priMer post

Tantas horas de lectura de libros, referencias y citas.

Y es en un artículo compartido donde encuentro motivos para empezar y va y posteo con un enlace a un portal fresco y cargado de curiosidades. Viene perfecto a la pregunta maldita: “¿Cómo empezar, cómo hacerlo para dar a entender realmente qué quiero hacer en este blog?” Ok, touché, ahí va: 18 inventos desarrollados por mujeres que cambiaron el mundo.

Lo sabías? Yo tampoco. Sabía que existían, de hecho los uso a diario, en mi casa la nevera se abre 40 veces al día. Bueno, no suelo usar bote salvavidas pero en el próximo crucero agradeceré que haya uno como mínimo.

…y qué me dices del wifi?

Vamos a ver cómo consiguen las inventoras inventar lo que inventan:

Hedy Lammar
Hedy Lammar: primer desnudo y precursora del GPS

Hedy Lamarr (Viena 1914 – Orlando 2000) actriz famosa por ser el primer desnudo del cine comercial con Éxtasis en 1932 y por ser considerada  en los años cuarenta “la mujer más hermosa de la historia del cine” fue también científica e inventora. A ella le debemos su espectro anchado, invento que en origen tenía fines armamentísticos y que ahora también nos permite comunicaciones más rápides y fáciles gracias, por ejemplo, a la transmisión de datos sin cable.

Lamarr (cuyo nombre real era Hedwig Eva Maria Kiesler) fue casada con un magnate armamentístico afín a los nazis que la tuvo en “esclavitud”, según apuntó ella misma años más tarde. Aún así, aprovechó la reclusión para terminar sus estudios de ingeniería y tomar buena nota de todos los datos que iban arrojando alegremente los altomandos militares que pasaban por su casa. Me la imagino sentada en la mesa rodeada de coroneles y con sus esposas, ella destelleante, escuchando y preguntando discretamente, tomando nota de TODO, de cada palabra, cada dato, cada previsión de ataque, confesada ahí mismo entre humo y copas de vino.  Poco tiempo después, consiguió largarse y emprender una nueva vida en EEUU para continuar con su otra pasión, el cine, pero no olvidó nada de lo sucedido en aquellas cenas: colaboró con el gobierno de los EEUU aportando todo lo que sabía del enemigo y lideró el descubrimiento del espectro anchado que básicamente lo que hacía era volver locos los sistemas enemigos que trataban de interceptar las ondas de los misiles teledirigidos. El invento no terminó de funcionar como esperaban, EEUU lo guardó en un cajón y ella continuó con su cine. A pesar de ello, alguien rescató su invento y lo exprimió, pero para Lamarr ya fue tarde, casualmente hacía tres años que la patente había caducado (1962). El reconocimiento vino luego: un premio honorífico antes de morir y la declaración del día 9 de noviembre (su cumpleaños) como Día Internacional de los Inventores. Si hacéis una búsqueda simple de imágenes de Hedy Lamarr sólo veréis posados increíbles de cine. Parece ser que esta persona murió muy mayor y muy deformada por la cirugía. Quizás dejó de creer en la versión real de sí misma y se dejó caer.

Este resumen a velocidad del rayo de una vida tan excitante sugiere que todas las vidas de todas las inventoras que aparecen en el estupendo reportaje que ha abierto este post no debieron ser del todo diferentes entre ellas. Imagino que un invento responde a una necesidad y una necesidad nace de una carencia. Es probable que todas esas inventoras hubieran vivido la carencia de cerca, solo así un necesitado entiende a otro. Lo que es seguro es que carecieron de un debido reconocimiento.

Todas las inventoras de la historia deben saber que aquí en la tierra existe toda la gratitud por su genio:  gracias Margaret A. Wilcox, por esos viajes en coche tan confortables. Gracias Leticia Geer porque los pinchazos de las vacunas son un visto y no visto, gracias Margaret Knight por facilitar el transporte de mis cosas cuando no llevo el bolso grande. Estamos seguras que vuestras vidas fueron tan interesantes como el resultado de las mismas: vuestros inventos.